16/1/17

Cómo organizar un viaje con amigos (y no morir en el intento)

Ya se han acabado las navidades,dentro de unos meses vendrán las de semana santa y en cinco meses... las de verano. Seguramente mucha gente se habrá puesto como objetivo lo de viajar más o irse a algún sitio —yo tengo lista de sitios a los que ir antes de los treinta—, sobre todo para irse de vacaciones con tus amigos y pasártelo genial con ellos. Pero no es tan fácil como parece, lo de irse con los amigos por ahí puede ser un tormento: amigos que se rajan, los que se les olvida ahorrar, los que te dejan a ti todo el marrón de organizarlo... Así que hoy os vengo a hablar de cómo organizar un viaje con amigos y no morir en el intento.

Como sabéis, yo me voy a Londres con dos amigos y diré que son una bendición. Va a ser un viaje maravilloso y os lo contaré cuando vuelva. Voy a escribir una entrada el mes sobre el tema de viajes por si os da alguna idea u os ayuda a algo. Viajar con el colegio es muy fácil —yo fui a Roma y me encantó— pero cuando os toca a vosotros buscar las cosas os dais cuenta de que es difícil y que todos esos consejos que os dan en internet normalmente no son tan útiles como parecen. 


Saber con quién vas a ir es muy importante y sobre todo la confianza que te dan. Sí, nuestros amigos son maravillosos pero ¿viajarías con ellos? A ver, piénsalo con frialdad. ¿Te irías a París con ese amigo que se queja continuamente y que lo único que quiere es estar tirado en los campos elíseos cuando tú quieres pasearte por la ciudad? ¿Te irías a Canarias con ese amigo que quiere verse toda la isla mientras tú quieres estar al sol sin que nadie te incordie? ¿Y con esa amiga que lo único que quiere es irse de tapas, mientras que tú quieres ir a cada museo de la ciudad? No es solo que compartáis la misma idea del viaje que queréis —cultural, relajante, deportivo—, si no que también debéis preguntaros ¿va a estar ahí para cualquier cosa? En un viaje pueden ocurrir muchas cosas, ¿va a ser como la amiga de Bridget Jones que te ayuda mientras te detienen por algo que no has hecho o va a ser como Hugh Grant que se larga sin mirar atrás? 

En mi caso, tengo la suerte de que los tres tenemos la misma idea de viajar —patearnos las calles y ver todo lo posible— y sabemos que para cualquier cosa vamos a ayudarnos. Después de todo, nos vamos a un país extranjero con otro idioma y otras normas. 


Una vez que está hecho el grupo hay que ponerse de acuerdo sobre la fecha y cuántos días queréis ir. En mi caso hemos elegido diez días —eran nueve pero esta opción nos salía más barata. Es difícil pero tenéis que tener en cuenta varios factores: exámenes, trabajos y billetes más baratos. En nuestro caso hemos elegido una fecha fantástica, aunque nos colamos un poco en cuestión de días y vamos a tener que faltar a ciertas cosas que teníamos —pero no pasa nada porque no era cuestión de vida o muerte. Yo os aconsejo que os agarréis un buen calendario —actualizado, por favor, no hagáis como yo—y os pongáis a mirar las fechas, miréis más o menos las que os vienen bien y luego ya elijáis la que os sale más barata. Y no discutáis, por favor. Vuelvo a decir que yo he tenido suerte, pero seguro que muchos discuten porque no es la fecha que más le gustaba. Haya paz, por favor. 


Y ahora llega la más importante, al menos para mí. El compromiso. Si os habéis comprometido a hacer un viaje mostrad interés y ahorrad como si no hubiera mañana, si es que no tenéis el dinero para hacer el viaje. Hacerlo con tiempo de antelación viene bien precisamente para eso: para ahorrar.  Y el compromiso está también unido a ser sinceros. Imaginaros que unos amigos  quieren hacer un viaje a Berlín y que un día tomando algo os lo proponen al resto. Claro, todos nos lanzamos de cabeza porque soñar es bonito pero hay que ser realistas. ¿Vas a poder pagarte ese viaje? ¿Te comprometes a ahorrar para hacer ese viaje? Es distinto coger el coche e irte a un sitio de tu país que irte a otro distinto porque hay un montón de cosas que pensar y tener en cuenta. Si crees que vas a poder pagar ese viaje, ahorrando y haciendo sacrificios ¡adelante, hazlo! Si aunque quieras no vas a poder por cuestión de dinero o porque tienes otro compromiso, no pasa nada. Ya haréis otro todos juntos, deja que tus amigos disfrutes y ahorra para el próximo viaje. Pero dilo desde el primero momento, porque el que va a organizar las cosas te va a tener en cuenta si le dices que sí, y cuando llegue el día de pagar las cosas y no tengas el dinero pues gracia no le va a hacer. 

Os voy a poner mi caso. A mí cuando me dijeron de ir a Londres me lancé de cabeza, hice cálculos de cuánto podía ahorrar y me puse a ello —a día de hoy tengo los billetes comprado, la casa pagada, la entrada de un musical y el dinero para los gastos básicos. Llevo desde agosto sin darme caprichos, sin comprarme libros, ropa, cds, ir al cine... porque me  he limitado a gastar lo mínimo —cafés o cola cao cuando voy con amigos—, sin hacer lo que hacía antes. Y durante este tiempo he sido sincera conmigo misma y con ellos. Al principio pensaba que me iba a dar para tres musicales pero al final me he dicho "¿por qué no ves el que más ganas tienes y dejas los otros para cuando vuelvas? Y ese dinero lo dejas para comer fuera o comprarte alguna cosita" y es lo que he hecho. Les he dicho que no voy a poder ir a los tres, y solo voy a uno. En cambio, una de nosotros va a los tres porque ella sí puede y nos parece estupendo. Porque también va de eso, que podamos hacer cada uno lo que nos apetezca, que el resto no te haga sentir incómodo y que puedas hacerlo. Prometo que la siguiente vez que vaya iré a ver Hamilton y The wicked. 

El siguiente viaje quizás sea algún sitio de Irlanda y yo ya he dicho que no sé si me apuntaré porque quiero sacarme varios cursos o al menos uno —informe de lectura para editores y los dos de corrección de Cálamo y Cran— para poder ponerme a trabajar y porque son cosas que quiero hacer antes del máster. Hay que tener cabeza y ponerse a pensar si vas a poder hacerlo, porque si te comprometes y luego no lo haces, vas a dejar tiradas a gente y eso no le hace gracia a ninguno. 


Ahora lo más útil del mundo mundial: fecha límite. Sí, hay que  hacer como en el colegio y la universidad. Hay que fijar un día para pagar las cosas. Nosotros lo que hicimos fue del día que me lo dijeron a dos meses para pagar el billete de avión —por ejemplo, el 25 de febrero para pagar el billete de avión—, cuando lo pagamos hicimos lo mismo para pagar el sitio donde íbamos a quedarnos ese tiempo —25 de abril, por ejemplo, para tener el dinero— y para los musicales lo mismo —25 de junio—. Cuando ya has pagado las cosas grupales, que os aconsejo que hagáis a través de una persona, metiéndole el dinero en su cuenta, ya puedes dedicarte a guardar dinero para lo que quieras gastar ahí. Y sed estrictos. Sé que son vuestros amigos pero si retrasáis las cosas al final no las hacéis nunca.



Y por último, os tenéis que mojar. Es muy fácil hacer un viaje con tus amigos y que uno o dos se dediquen a planificarlo todo, a mirar hoteles o casas, museos, zonas a la que ir mientras tú vas a lo hecho. Yo no podría viajar con alguien así, quiero mucho a mis amigos pero sé que varios son así y yo lo siento pero no. Si vas a ir a un sitio, moléstate en mirar cosas. Busca sitios a los que ir a comer  o a cenar, tiendas interesantes, calles que parecen bonitas, museos.. Preocúpate de mirar. No seas un mero expectador de tu viaje. A mí me parece súper divertido organizar las cosas, mirar dónde vas a estar y que hay cerca de allí. Me gusta hablar con mis amigos de lo que podemos hacer, de dónde encontrar mejores precios, y todas esas cositas. Tus amigos no son una agencia de viajes. Preocúpate un poco.

Y, sobre todo, diviértete. Un abrazo enorme.

10/1/17

#AdoptaUnaAutora Virginia Woolf

Cuando era una adolescente oí hablar de Virginia Woolf, tampoco os creáis que muy profundamente, y recuerdo que cuando se la mencionaban solo era para destacar que estaba loca y que se suicidó. Lo decían de tal forma que se veía que la finalidad era desprestigiarla como escritora, como si esas dos cosas hicieran que no supiera hacer lo que tanto amaba: escribir. Y no, no lo hacen. Virginia Woolf es una de las grandes escritoras de nuestra historia y ese mérito no hay que tratar de quitárselo con nada porque le costó muchísimo trabajo.

Hace unos meses decidí leerla por pura casualidad. Fui a una biblioteca, me topé con Horas en la biblioteca —qué mejor lugar en el que encontrarme este libro— y me lo llevé a casa. A ver, tengo que señalar antes de seguir que a mí la vida de los artistas me suele dar bastante igual —a no ser que sean maltratadores o violadores— así que todo lo que me habían contado de ella lo tenía borrado de mi cabeza. Para mí no era la mujer que se había suicidado. Para mí, Virginia Woolf era simplemente ella y cuando acabé aquel ensayo decidí que quería leer el resto de sus libros. Algo que estoy haciendo. Pero hoy no vengo a hablaros de sus obras, pues es algo que haré el resto de meses del año, si no que vengo a hablaros de ella. 



Virginia Woolf nació en Londres en 1882 como Adeline Virginia Stephe, hija de un crítico e historiador inglés y de una modelo prerrafaelita india, creciendo en un ambiente intelectual. Su familia pertenecía a la clase media-alta, algo que suele condicionarla en cuanto a su visión del mundo. En 1895, su madre murió y Virginia empezó a sufrir depresión, algo que le acompañaría toda su vida. Cuando murió su padre en 1905 —al parecer Virginia intentó suicidarse por primera vez al pasar aquello— se fue a vivir con su hermana Vanessa —pintora e interiorista— y sus dos hermanos al barrio de Bloomsbury, formando junto a un grupo de amigos el grupo de Bloomsbury. Empezó a escribir críticas literarias en el periódigo The Guardian, además llevaba desde hacía tiempo escribiendo sus famosos diarios, hizo críticas también para el The Times Literary Supplement y dio alguna clase de literatura e historia inglesa en el Morley College. Al año de morirse su padre, se murió uno de sus hermanos y Vanessa se casó. A los treinta y dos años se casó con Leonard Woolf, un economista y escritor, con quien tuvo un matrimonio bastante bueno —sobre todo para esa época— y moderno, en el que ambos se respetaban y querían —Leonard trataba de ayudar todo lo que podía a Virginia con su depresión. Fundaron la editorial Hogarth Press. Crítica, editora y escritora, es considerada una de las grandes renovadoras de la novela. Era bisexual y parece ser que tuvo una aventura con Vita Sackville-West, quien le llamaba la atención por su forma de vida y de ser —hay polémica con el tema porque muchos dicen que lo suyo era solo una amistad. Woolf quería llegar a los 60 y escribir sus memorias con ayuda de sus diarios, pero tras luchar casi toda una vida contra la depresión esta le ganó la  partida y se suicidó tirándose a un río en 1941 a los 59 años, dejando una carta a su hermana y otra a su marido —la de su marido es súper conocida, así que si la buscáis en internet la encontraréis y lloraréis un poco.

Y tras hablar en general de su vida, vamos a hablar de ella. De la mujer que se levantaba cada día y luchaba contra ella misma para seguir viviendo. He leído uno de sus diarios —por encima, porque si fuera el mío no me gustaría nada que la gente lo anduviera leyendo— y he podido ver el lado humano de Virginia Woolf, el de la mujer que utilizaba un cuaderno para desahogarse cuando había tenido un mal día o simplemente necesitaba hablar de algo. Ella comentaba que se pasaba continuamente creando historias porque le venían a la mente sin parar y que le interesaba describir a las mujeres, mostrándolas como algo más y decía que le deprimían las personas que odian a las mujeres. También le gustaba escribir sobre la ropa pues la moda le encantaba y en el diario que he leído aprovecha de vez en cuando a describir la que llevaban algunos de sus amigos.


Decía "escribir es el placer profundo y ser leída el superficial", algo que leyéndola te das cuenta de que realmente es una frase que refleja muy bien su lado de autora. Revisar lo escrito le parecía aburrido, deprimente y arduo —esta mujer nos representa cuando corregimos nuestras cosas— y estaba muy pendiente de cuánto vendía de una novela, cuánto ganaba, lo comparaba con sus anteriores obras y critíca su propia forma de escribir, deseando hacerlo de otra manera en algunas ocasiones y elogiándose cuando sabe que lo ha hecho bien. En un momento dice "no me veo como un éxito, me gusta la sensación de esfuerzo" y es que si algo hacía Virginia era trabajar muchísimas horas cada día para hacerlo cada vez mejor, para superarse a sí misma. Su lector cero era Leonard y cuando esperaba a las críticas de los periódicos estaba súper nerviosa, aunque se hacía un poco la dura al principio. Y sufría el bloqueo del escritor cuando terminaba algunas de sus grandes obras.

Virginia apoyaba la causa sufragista aunque no se implicaba mucho en el tema, y defendía los derechos de las mujeres. Se veía como la única mujer de Inglaterra libre de escribir lo que quisiera, pues publicaba en su propia editorial y su marido no le ponía ningún impedimento, y criticaba que las escritoras tuvieran que hablar de ciertos temas o escribir ciertos artículos solo porque sus editoriales le obligaran, aunque en el fondo las entendía y sabía que no podían hacer nada. Además, Virginia no se veía como parte del "grupo" de las escritoras porque sentía que lo que hacía era diferente. En un determinado momento dice que si su padre hubiera seguido viviendo no  habría podido escribir por el mundo en el que vivía entonces, pues su vida habría sido muy diferente. Y sí, menciona la charla que dio a unas futuras profesoras, diciéndolas que lo importante era que bebieran vino y que tuvieran una habitación propia.

Esta mujer también era una gran lectora y como todos nosotros tenía una pila de libros pendientes, unos por puro entretenimiento, otros para trabajo y otros para reunir material para algunos de sus libros. Además, era crítica y escribía reseñas en los periódicos —la bloguera del siglo XIX, vamos. En sus diarios nombra las obras que iba leyendo, aunque no extensamente porque ya iba a hacerlo en el periódico y le daba pereza repetirse. Woolf piensa en hacer una teoría sobre la literatura, hablando sobre la perespectiva y relacionarlo con la vida de los autores, las convenciones sociales... La narrativa inglesa le parecía la peor parte de la literatura inglesa y Henry James le gustaba pero creía que solo escribía para un tipo de personas y que sus personajes no tenían níngun tipo de pasión. ¿Anne Brontë? La mejor de su familia. ¿Mary Hutchinson? Escribía relatos malos. ¿Shakespeare? Para ella lo mejor de la literatura, superando incluso al concepto de literatura y le parecía asombroso. La señora Webb le hizo pensar acerca de cómo podía hablar de su vida, tratando de imitarla. ¿Y Byron? Para Virginia podría haber sido novelista. 

También os quiero hablar de su depresión y trastorno bipolar. He leído muchas metáforas en páginas webs con tal de no decir la enfermedad que tenía, como si fuera una palabra prohibida, y muchas veces se ha utilizado esa palabra para definirla, como si ella fuera una enfermedad y no una persona. Virginia era consciente de sus depresiones e intentaba encontrar una causa pero no la hallaba, decia que era "como un niño cuando se pone triste y no sabe por qué". A los cuarenta y tres años se preguntó cuantos libros más escribiría, viendo la muerte acercarse cada vez más a ella. Hablaba de la depresión en su diario y en sus obras, creyendo que era un tema importante que debía tratarse en la literatura. El trastorno bipolar se le ha diagnosticado muchos años después de su muerte, ya que en aquella época seguro que le dirían que eran nervios y punto. En este link hablan un poco de su posible trastorno, por si os interesa.

Y por último, añadir que Virginia Woolf sufrió abusos por parte del mayor de sus hermanastros, quien le manoseaba —a saber qué mas le hacía—, provocando que odiara su cuerpo, tuviera crisis nerviosas y episodios de anorexia a lo largo de su vida. Las consecuencias de lo que le hacía su hermanastro le acompañaron toda su vida

Virginia fue una excelente crítica literaria, apasionada lectora y una escritora impresionante, que trataba de mejorar día a día para superarse a sí misma y que luchó contra su enfermedad todo lo posible. Y espero que este año descubramos juntos a esta fantástica autora que escribió más de cuarenta obras.

Fuentes: Biografías y vidas, Mural, Extranjera en mi cuerpo y Diarios 1925-1930 de Virginia Woolf.