13/11/15

Hachiko. El perro que esperaba (y que te rompe el corazón)


El profesor Ueno recoge un cachorro para su hija. Pronto, la relación entre el profesor y Hachiko, el perro, deviene especial. Cada mañana lo acompaña a la estación y, cada tarde, espera su regreso a las cinco y media. Cada día laborable. Cada mes. Cada año. Se ha forjado una relación basada en la amistad y la fidelidad. Y nada puede romperla... 

¿Alguna vez habéis visto la película de Richard Gere de Hachiko? Yo sí y lloré media película. Con este libro me ha pasado lo mismo, creí que sabiendo la historia no me afectaría tanto pero siempre he sido una llorona con los dramas en los que los perros se ven implicados. Sobre todo cuando la historia es esta, donde se demuestra que el perro es uno de los animales más fieles. 

Miradle que cuqui
Agradezco muchísimo a la Galera que me lo mandara porque es una de mis historias favoritas y además la edición es preciosa. De verdad que merece muchísimo la pena. La adaptación que ha hecho Luis Prats es fantástica, creo que ha honrado a la historia.

El protagonista indiscutible de esta historia es el perro y veremos cómo demuestra su lealtad y su amor día tras día en la estación de tren, hasta tal punto que os advierto que acabaréis llorando, así que tened unos clinex cerca. Veremos los celos de otras personas ante el cariño del profesor con el perro, de quien no se separa, y también su relación con las personas del barrio que se centrarán en alimentar y querer al perro cuando sucede la desgracia.


La historia está dividida en fechas y barrios a los que va con el profesor para situarnos mejor en la historia y calcular mentalmente cuando tiempo ha pasado desde que Hachiko fue a casa de los Ueno.

Bueno, no debería pero quiero contaros la historia de Hachiko para que os convezcais de que necesitáis este libro entre vuestras estanterías.

Est es Hachiko. ¿A que es monísimo?
El perro nació en 1923 en Akita y en Japón se le conoce como 'Chūken Hachikō' que significa el perro fiel Hachiko. Era un akita inu. En 1924 se lo regalaron al profesor Ueno, a quien se le había muerto una perra. Al principio era para su hija. Cuando llegó, metido en una caja, creyeron que estaba muerto pero el profesor le acercó un poco de leche y el perro volvió en sí. Le llamó Hachi, ocho, porque sus patitas delanteras estaban algo desviadas, y hachi en kanji es 八. La hija se casó y no se llevó al perro, así que se lo quedó él. Día tras día le acompañaba a la estación e iba a buscarlo. Siempre con puntualidad. El profesor murió en 1925 en la universidad (ya estoy llorando, de verdad que esta historia siempre me emociona) y Hachiko fue a buscarle, como siempre, pero no volvió. Durante nueve años estuvo yendo día tras día a la estación a la misma hora para buscarle, vivió en la calle incluso porque se escapaba siempre para ir a buscar a su profesor. Fue tal la devoción y la admiración de los vecinos de aquel lugar que en 1934 hicieron una estatua de bronce en su honor, estando el mismo Hachiko presente cuando se hizo. Murió en 1935 frente a la estación, mientras esperaba al profesor, por cáncer terminal y filarasis en el corazón. El perro está disecado y guardado en el Museo de ciencias naturales del distrito de Ueno, en Tokio. La estatua se fundió para fabricar armas, pero en 1947 se erigió otra estatua de bronce en el mismo lugar. El ocho de marzo de cada año se conmemora a Hachiko en la plaza de la estación de trenes de Shibuya.

Y con esto me despido, me apetecía hablaros de esta historia. Que tengáis buen fin de semana. 

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