12/2/17

Harry Potter and the Philosopher's stone


When a letter arrives for unhappy but ordinary Harry Potter, a decade-old secret is revealed to him that apparently he's the last to know. His parents were wizards, killed by a Dark Lord's curse when Harry was just a baby, and which he somehow survived. Leaving his unsympathetic aunt and uncle for Hogwarts School of Witchcraft and Wizardry, Harry stumbles upon a sinister mystery when he finds a three-headed dog guarding a room on the third floor. Then he hears of a missing stone with astonishing powers, which could be valuable, dangerous – or both. An incredible adventure is about to begin!

Llevo un tiempo planteándome como abordar esta entrada porque no tenía ni idea de cómo hacerlo—ni siquiera sé ahora lo que estoy haciendo. Sé que os puedo hablar de su trama, que tanto conocemos todos, del niño al que un día le dijeron que era mago, del colegio, de Hermione, de Ron, de Dumbledore y de Voldemort. Os podría hablaros de lo mucho que sigue divirtiéndome hoy en día esta novela y de lo bien hecha que está. Podría hablaros de muchas cosas, pero de lo que quiero escribir hoy es de las cosas que no noté cuando lo leí hace más de diez años. 

Algo que pocos saben —creo que mis padres, mi hermano y ya— es que cada vez que sacaban un libro yo me leía los anteriores. Esto empecé a hacerlo cuando sacaron el cuarto porque no quería olvidarme de nada, así que lo que solía hacer era calcular cuántos días quedaban para que saliera el siguiente y devorarme los anteriores. Y sí, lo hice hasta con el último libro. Sí, soy muy fan de Harry Potter. Me encantan las novelas. Y no sé cómo no pude darme cuenta, tras leerme cinco veces Harry Poter y la piedra filosofal de esto. 

Antes de nada, quiero hablaros un poco de mi experiencia de leerlo en inglés. Hace un tiempo me compré la edición ilustrada de Jim Kay porque me pareció precioso y me pareció una buena forma de iniciar mi propia colección de los libros —porque los que hay en casa son de mi hermano— y os diré que vale la pena pagar por ellos, aunque yo lo cogí con la oferta de lanzamiento. 

Leerlo en su idioma original ha sido fascinante y también ha hecho que no sea capaz de leerme el resto de libros en español porque sé que echaré de menos el estilo de Rowling. Leerlo de esta manera ha hecho que empiece a ver este universo de una manera más amplia pues ahora me fijo también en el lenguaje, en la forma en la que esta mujer se expresa y os digo desde ya que es fantástica. Además, me hacen mucha gracia los diálogos de Hagrid pues están escritos plasmando su acento del oeste, por lo que no, el semi gigante no es tonto y escribe perfectamente, pero la autora quiso darle esta peculiaridad. Deivid y yo nos reímos bastante tratando de imitar su forma de hablar —es imposible, por cierto. 

Cuando lees un libro así de pequeño solo te fijas en las aventuras de Harry Potter y sus amigos, de cómo intentan que no los maten cada año, de a ver qué hace ahora Snape para fastidiar a Potter, Voldemort y todo eso. Pero en los libros hay cosas que quedan ahí, en el trasfondo y de las que solo te das cuenta cuando creces, porque empiezas a ver que hay otras cosas que son importante, no solo los episodios heroicos.
Esta página sobre cómo son los trolls es maravillosa

El primero tiene que ver con Hagrid. Cuando era pequeña yo siempre pensaba que este hombre era un poco bocazas y que tenía un problemilla con lo de guardar secretos, pero no era capaz de ver nada más. Supongo que es la inocencia infantil. Pasé por alto todos esos comentarios pero ahora no he podido hacerlo. El gigante tiene un problema con la bebida y este es el culpable de que le vendan un dragón, hable de cómo dormir a su perro de tres cabezas y de que se le escape algo cada vez que le preguntan. Nunca le había dado importancia a su "no beberé más", a que fuera siempre que pudiera al caldero chorreante —diciendo que hoy no se quedaba, que tenía encargos de Dumbledore—, a que toda las noches bajara a Hogsmade a beber... pero lo cierto es que lo tiene. 

Hablando con una amiga, me di cuenta de que no es que vaya a beber por estar con sus amigos si no que es una forma de ahogar sus penas, de aguantar las burlas del resto del colegio por ser un guardabosque que no acabó sus estudios —y que hace magia con un paraguas ilegal—, de aguantar su día a día y no derrumbarse. En el siguiente libro sabremos por qué le expulsaron del colegio —que yo ya lo sé, pero os hablaré de ello en la siguiente entrada del tema— y lo que significó para él.Y es curioso lo fácil que es esconder algo a un niño, le pones un personaje que está casi siempre contentillo y no nos damos cuenta, le vemos como al bonachón bocazas. El resto lo obviamos. 

También os quiero hablar de Neville Longbottom, mi personaje favorito de la saga —el segundo es Sirius y el tercero ha acabado siendo Lupin. De pequeña me hacía gracia este personaje tan torpe pero nada más. Ahora sí que es algo más. El acoso escolar que sufre este chico es terrible y me ha dado muchísima pena, tanta que tenía ganas de ir a darle un abrazo y un té calentito para que se animara un poco. Se meten con él TODOS, incluso los de su propia casa y me parece terrible. 

Neville es ese personaje de la casa Gryffindor que no se cree digno de su casa hasta el último libro, donde demuestra su valentía y fuerza. Vive con su abuela y cuenta, como si nada, todo lo que le hicieron para saber si era un mago o un squib. Tú lo lees horrorizada pero él lo cuenta como si nada. Le regalan una recordadora, porque Neville es como yo y lo de acordarnos de las cosas es algo que no es lo nuestro, y no le funciona de nada porque la recordadora se enciende para decirte que se te olvida algo y no sabes el qué —menuda porquería de aparato, por cierto, ya podía decir qué se te ha olvidado. Se ríen de él porque nunca se acuerda de las contraseñas de la sala común, es muy torpe, se le da mal prácticamente todo —menos herbología, porque es el rey en esa asignatura— y nunca le ayuda nadie. Nunca. Es que hasta los de su casa disfrutan metiéndose con él y tú piensas PERO QUÉ CLASE DE GENTE ES ESTA, PERO HACEDLE SENTIR BIEN. Pero no, eso no pasa. 

Y bueno, también podría hablaros de las casas —que son cuatro, pero solo se da importancia a dos—, de lo buen malo que es Quirrel —sé que si esta hubiera sido la última vez tampoco me lo habría esperado—, de Snape, de los gemelos, de lo horribles que son los tíos de Harry... podría hablaros de tantas cosas, pero creo que al final siempre se habla de lo mismo y me apetecía nombrar estas dos cositas para que os fijéis si lo leéis.

Volver a Hogwarts ha sido como volver a casa y me alegra haberlo hecho, sobre todo en compañía de Gema y Deivid, porque no hay compañía mejor. Por cierto, ¿de qué casa sois? Yo soy Hufflepuff. Un abrazo enorme a todos.

2 comentarios:

Gema Vallejo dijo...

Creo que es cierto eso de cosas que no nos fijamos de niños, y lo de Neville, osea, el pobrecito. Yo la verdad es que no recordaba que los niños fueran tan crueles, ¿vale? Pero sí, se nota que con 11 años no tenemos filtro ni tacto alguno. Suerte que ya sé cómo acaba todo jajaja
¡Un besín, y a por los siguientes!

Stiby dijo...

Esta ha sido una entrada genial. Me han gustado mucho los puntos en los que has hecho hincapié, sobre todo el asunto de Hagrid. La verdad es que yo tampoco le había prestado atención hasta la relectura que hice el año pasado, en la que sí pensé que debía tener un problema, pero lo pensé más en cuanto a que tal vez su sangre de gigante le hacía ser un poco más lento de entendederas, no a que tuviese un problema de alcoholismo. Este punto de vista me ha parecido interesante y miraré algunas cosas con perspectiva cuando, como tú, siga leyendo la saga en ingles con los libros ilustrados.

Al igual que tú, escribí esta entrada tras releer el primer libro ilustrado en mi caso siendo la primera relectura, pues yo no releía los libros cuando salía el siguiente como tú, yo solo esperaba y sufría xD

Gracias por la entrada, ha sido muy interesante.

Un beso.