14/11/16

El niño en la cima de la montaña de John Boyne



De padre alemán y madre francesa, Pierrot ha tenido una infancia no muy distinta de la de cualquier niño de su época. Sin embargo, nos hallamos en París, corre el año 1935 y la guerra que se avecina trastocará el destino de millones de personas. Tras la muerte prematura de sus padres, Pierrot deberá separarse de su íntimo amigo Anshel y abandonar Francia para vivir con su tía Beatrix, que trabaja de ama de llaves en una mansión imponente erigida en lo alto de una montaña. Pero no es una casa cualquiera; se trata nada menos que del Berghof, la enorme residencia que Adolf Hitler posee en los Alpes de Baviera.

Cuando di en Historia la revolución francesa, nuestro profesor nos explicó la diferencia entre patriotismo y nacionalismo, pidiéndonos que no confundiéramos los términos pues no eran lo mismo en absoluto. El patriotismo podríamos decir que es el amor a la patria pero sin caer en el extremismo ni en el odio a otros países. Es decir, me gusta mi país, me parece maravilloso pero no odio al resto ni los minusvaloro. George Orwell definió el nacionalismo como "el peor enemigo de la paz" y tenía toda la razón al decir aquello. Los nacionalistas solo ven lo bueno de su país, despreciando al resto de países —tanto al país como a las personas que viven en este—, tratando de justificar los errores del pasado y siendo una postura extrema. Los nacionalistas no aceptan los errores de su pasado, y para ellos lo suyo es lo mejor; en cambio, los patriotas ven los errores y tratan de mejorar su país. Además, los nacionalistas quieren imponerse a otros países. Y os preguntaréis, ¿qué me importa a mí esto? Pues os diré que creo que es algo fundamental para entender los peores momentos de la historia y, en este caso, del nazismo.

No sé cómo empezar a hablar de esta novela, así que lo haré con el nazismo. Me gusta leer libros basados o escritos en esta época, me parece muy interesante cómo cuenta cada uno la historia de esta época tan negra porque cada visión es única y te enseña muchas cosas. Es cierto que normalmente suele ser desde el lado de los judíos, a los que mandan a un campo de concentración a morir, pero a veces te encuentras con un libro que te cuenta la historia desde el otro lado. John Boyne en El niño con el pijama de rayas te habla de un niño que es hijo de un militar nazi y de otro que está en un campo de concentración —el final todos recordamos cuál es, y me parece cruelmente perfecto. En La ladrona de libros de Markus Zusak vemos como la hija de una "comunista" —creo recordar que era algo de eso, pero bueno, que estaba en el lado de los que acaban en el campo de concentración— se va a vivir con una familia alemana y vive la guerra en su casa, acogiendo un judío cuando este aparece en su puerta. Y En el niño en la cima de la montaña de Boyne vivimos la historia de de un niño francés y medio alemán que acaba en la casa de campo de Adolf Hitler.

Algo que siempre se ha repetido de Hitler es que ganó con el voto de los alemanes, y sé que a muchos os puede parecer que es una pesadez repetirlo pero es importante, muy importante que nos metamos en la cabeza que podemos poner, gracias a nuestros votos, a un dictador en el poder. Se dice que al final no fueron ellos quien le dieron el poder, y sinceramente no recuerdo lo que me dijeron en la clase de historia, pero creo que es importante saber que alguien así puede acabar ahí con nuestros votos. A él no le hizo falta usar la fuerza bruta para llegar ahí —aunque luego la usara—, sino las palabras y un poderoso discurso NACIONALISTA. Alemania estaba resentida tras la primera guerra mundial pues les habían cargado a ellos el muerto y tenían que pagar todos los desperfectos, les quitaron tierras y hubo un montón de follones más que habréis dado todos en el colegio. Y esto es algo importante, cuando un país está desconento es muy fácil convencerles de algo. Hitler convenció a los demás de que sus ideas eran buenas gracias a la forma que tenía de expresarse y porque sabía llegar a la gente, que estaba quemada con el Tratado de Versalles, haciéndoles creer que él tenía la llave para que Alemania fuera lo que había sido antes y el resto de países le habían arrebatado. En un discurso, dijo lo siguiente: "Esto es lo primero que debemos exigir y que exigimos: que se dé libertad a nuestro pueblo, que se rompan estas cadenas en mil pedazos, y que Alemania sea otra vez dueña de su alma y señora de sus destinos junto a todo aquel que quiera unirse a Alemania.

Y ahora vamos al libro, teniendo esto en mente. El protagonista se llama Pierrot, vive con sus padres —el padre maltrata a su madre— y su mejor amigo es un chico judío que tiene sordera y quiere ser escritor. Un día, el padre desaparece y la madre acaba enfermando, quedándose huérfano a la edad de siete años. Al principio está con la madre de su amigo, quien intenta protegerle a toda costa pues es el principio del gobierno de Adolf Hitler, y aunque aun no han empezado con los campos de concentración, sí que hay un ambiente tenso. Pierrot no puede ir con ellos al templo y no entiende por qué, y aún menos comprende por qué la madre de su amigo le manda a un orfanato, creyendo incluso que es por cuestiones racistas. En el orfanato no está mucho tiempo, lo justo para conocer a una chica anti-semita, y a un chico judío —que es un abusón, aunque desde una visión adulta se puede ver que es una forma de protegerse del resto de niños de ahí, pues los judíos empiezan a verse como animales. Un día le llegan noticias de su tía, Beatrix, y entonces se muda a la casa de la cima de la montaña, que resulta ser la de Adolf Hitler, empezando ahí su nueva vida. Y Pierrot pasa a ser Pieter.

No os voy a revelar más de la trama pero sí que os quiero mencionar por qué este libro me ha gustado tanto. Imaginad que venís desde Francia y os topáis con unos idiotas de las juventudes hitlerianas en el tren que te desprecian por ser medio francés, que llegas a la casa donde está una tía que no conoces y que te dice que te cambia al nombre a Pieter porque el otro es demasiado francés y en esa casa no vale. El niño está perdido, no tiene ni idea de qué hacer, pero es un niño... así que se comporta como un niño. De pronto, llega Hitler y resulta que le caes medianamente bien y te toma como a una especie de pupilo, manipulándote y metiéndote sus ideas en la cabeza sin que te des cuenta. Quizás en otras circunstancias no habría sido tan fácil, pero él tiene 7 años, le han prohibido hablar con su amigo —porque es francés y judió—, le han cambiado de nombre y no tiene a sus padres.  

De todas formas, la relación con Hitler no es perfecta. Pierrot tenía como modelo a su padre, un alemán que luchó en la guerra y que bebe porque quiere olvidar. Cuando es niño él dice que acabará siendo como él, pues cree que es un héroe. Todos sabemos que Hitler era de origen humilde, y hay una escena que se me ha quedado grabada. Hitler habla de que su padre era zapatero con cierta persona importante de Inglaterra —no voy a decir quién pero si sabéis de historia podéis averiguarlo— y Pierrot no puede evitar decir, con orgullo, que el suyo era soldado. El dictador parece que tenía su origen humilde, aunque a veces lo dijera como "y a dónde he llegado yo", algo clavado en su corazón, haciendo que se sintiera un poco menos que el resto. Esa escena, con él enfadado y Pierrot aterrorizado, no se me va a olvidar del libro. 

También me parece muy interesante ver a Hitler en un ambiente en el que no se le suele retratar a menudo: en su casa de campo. ¿Qué hacía cuando iba allí? ¿Era la misma persona? Boyne se lo ha imaginado de esta manera, y a mí me ha parecido muy creíble. Les vemos a él y a Eva Braun en la intimidad, oímos historias sobre ellos y nos metemos en la vida de la que pudo ser la que fue.  

El niño en la cima de la montaña es un libro fascinante sobre un niño que vivió en una de esas épocas negras que ojalá nunca olvidemos —por nuestro bien—, un dictador que se creía invencible y sobre cómo podemos traicionar a alguien sin pestañear. 


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